¿Cuándo fue una vez que seguiste tu instinto y resultó que tenías toda la razón?

Cuando me fui de la Habana

Hay decisiones que cambian una vida entera. La mía fue emigrar.
Y hoy, veinte años después, puedo decir que esa decisión me hizo crecer, me hizo fuerte y, sobre todo, me hizo agradecida.

Cuando llegué a Estados Unidos, llegué con miedo, con nostalgia, con la sensación de haber dejado atrás una vida completa. Y en realidad fue así, dejé mi casa, a mi familia, a mis animales. Pero también llegué con esperanza.
Con la certeza de que este país podía ofrecerle a mis hijas lo que el mío ya no podía darles: libertad, oportunidades, futuro.

Y así fue.


🌷 Lo que este país nos ha dado

Este país me dio trabajo digno, seguridad, estabilidad, libertad para expresarme sin miedo.
Me dio la posibilidad de reunir a mi familia.
Me dio la oportunidad de salvar a mi esposo.
Me dio un hogar donde mis hijas pudieron crecer sin límites.

Y me dio algo más grande que todo eso:

Es el lugar donde nacieron mis nietos.
El lugar donde mi familia echó raíces nuevas.
El lugar donde mi historia se expandió.


🌎 Un país de personas trabajadoras

En Europa —y en otros lugares del mundo— suele caricaturizarse a los estadounidenses como personas simplonas, amantes de la comida insana o de gustos kitsch. Pero esa visión es superficial y no representa la vida real de quienes vivimos aquí.

Porque este país no es un estereotipo:
es una mezcla inmensa de culturas.

Aquí conviven:

  • personas de todos los continentes,
  • todas las religiones,
  • todos los acentos,
  • todas las gastronomías.

Y esa diversidad se siente en todo: en los barrios, en las escuelas, en los trabajos, en los mercados, en las mesas.

La gastronomía aquí no es “comida rápida”: es mexicana, tailandesa, india, cubana, italiana, japonesa, mediterránea, africana, coreana, peruana, dominicana, griega, libanesa, filipina, venezolana, etc, etc
Es un mosaico. Es un continente entero dentro de un solo país.

La grandeza de Estados Unidos no está en la política.
Está en su gente.
En su capacidad de abrir puertas.
En su manera de permitir que cada quien encuentre su lugar.


🏡 Nada es perfecto

Y aun así, nada es perfecto. Porque ningún país lo es. Hay cosas que no me gustan,

Aquí también existe desigualdad.
Aquí también existe racismo —no generalizado, no manifiesto en todos los espacios, pero existe.
Y lo que menos me gusta, lo que más me preocupa, es el tema de las armas. Es una realidad que me incomoda, que me inquieta, que desearía que fuera diferente.

Es posible que el presidente que esté hoy no te guste, pero tienes la certeza de que eso puede cambiar en cuatro años y que aún con ese presidente que no te gusta, tus derechos están protegidos por la Constitución y las autoridades independientes, como ha sucedido recientemente con la orden ejecutiva del Presidente para anular la ciudadanía por nacimiento.

Pero incluso con esas sombras, este país nos ha dado una luz que yo no tenía en el mío: la libertad de elegir como queremos vivir nuestras vidas.


🏠 Pertenecer

La felicidad es relativa, sí.
Pero aquí vivimos felices dentro de lo posible, dentro de lo humano, dentro de lo real.

Y lo más importante:
me siento que pertenezco aquí.

Louisville es mi hogar.
My old Kentucky home.
El lugar donde mis hijas crecieron, donde mis nietos nacieron, donde mi vida se reconstruyó.

No reniego de mi país.
Mi Cuba vive en mis sueños, en mis olores, en mi memoria.
Pero este país me dio algo que allá ya no tenía: libertad, estabilidad, futuro.

Y por eso estoy y estaré eternamente agradecida.

El día que me hice ciudadana de este gran país, como si hubiera nacido otra vez

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