¿Qué haces para integrarte en la comunidad?
Aprender inglés y sumergirse en la cultura
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Integrarse a una comunidad nueva, cuando una es emigrante, empieza por la lengua. La lengua es el vehículo que te transporta de una cultura a otra. Incluso quienes emigran a países donde también se habla español descubren que no es tan sencillo: cada región tiene sus palabras, sus giros, sus matices. Y si no prestas atención, te “pierdes en la traducción”.
Me pasó hace años, cuando trabajé en una cocina con indocumentados de distintos países de Centroamérica y el Caribe. Una palabra tan simple como ahorita podía significar “dentro de un rato” para mí, que soy cubana, pero “ahora mismo” para otros. Y ni hablar de la fonética: los habaneros tenemos esa costumbre de comernos letras y hablar a una velocidad que solo nosotros entendemos.
Aprender inglés
Lo primero que tuve que hacer fue reaprender el inglés. El mío era de manuales, de libros, de ejercicios escritos. No servía para la vida real. Y en Kentucky, además, la pronunciación tiene su propio ritmo, su propio color. Muy distinto al inglés de Oxford que estudié en mi juventud.
Aquí tenía que comunicarme en inglés a toda hora. Entender no solo las palabras, sino la intención. Eso toma tiempo.
Asistí a una escuela para refugiados en un programa de una iglesia evangélica. Un día, saliendo de clases, fui a Walgreens a buscar un medicamento de venta libre. No lo encontraba. Caminaba por los pasillos una y otra vez. La empleada me preguntaba: “Are you finding everything ok?” Y yo, sin saber cómo explicarle, terminé escribiendo el nombre del medicamento en un papel.
Muchos años después entendí que esa frase, en las tiendas, también significa: “Te estoy observando, te veo caminando errática, no vas a poder robar nada”. Son códigos culturales que una aprende con el tiempo.
No es solo la lengua
Para integrarse no basta con hablar el idioma. Hay que sumergirse en la cultura, entender las tradiciones, observar cómo vive la gente.
Trabajé 17 años en una tienda. No me avergüenza decirlo. Aunque me gradué en Cuba y tengo estudios de posgrado, entendí que tenía que dominar el inglés para aspirar a algo mejor. Y eso hice.
Al principio no entendía nada. No era solo el idioma: era la manera de comportarse, de celebrar, de cocinar, de comprar, de vestirse. Aprendí a mirar, a escuchar, a participar. A sentir como propias las fiestas y costumbres de aquí.
Por eso siempre digo que hay que sumergirse, no mirar los toros desde la barrera. Ya hiciste lo más difícil: viniste, venciste. Y se vence no solo cuando compras casa, carro o logras la ciudadanía, sino cuando ya no sobresales como “la extranjera”.
Mi hogar en Kentucky
Vivo en Louisville, Kentucky, y no pienso regresar a mi país. Siento como si hubiera vivido aquí toda la vida. Cuando paso por el lugar donde trabajé tantos años, lo que siento es nostalgia: por las personas, por los tiempos buenos y los difíciles —como la pandemia— y por los clientes que aún me reconocen.
Aquí construí mi vida adulta. Aquí aprendí, crecí y me reinventé. Este es mi hogar.
🌾 My Old Kentucky Home
Con los años entendí que My Old Kentucky Home no es solo un himno de este estado. Es una melodía que habla de pertenencia, de raíces nuevas que se entrelazan con las antiguas. Y, sin proponérmelo, lo hice mío. Cada vez que lo escucho siento que describe, de alguna manera, mi propio viaje: el de una mujer que llegó desde una isla cálida y encontró hogar en estas tierras de colinas suaves y caballos majestuosos.
No he perdido mi esencia cubana —esa no se pierde nunca—, pero también soy hija adoptiva de este lugar. Aquí aprendí a hablar de otra manera, a celebrar de otra manera, a vivir de otra manera. Aquí crecí, trabajé, me reinventé y me hice parte de una comunidad que hoy siento tan mía como la que dejé atrás.
Por eso digo que soy Kentubana: un término que ya usamos muchos cubanos que vivimos en Louisville, esta ciudad que respira a orillas del Ohio y que colinda con Indiana, donde la comunidad cubana ha crecido y florecido. Somos mezcla, puente, raíz doble. Somos memoria de un país y presente de otro.
Y en esa mezcla —en ese mestizaje emocional y cultural— encontré mi hogar.
Mi viejo hogar de Kentucky.
Mi Old Kentucky Home.






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