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Pero me fascinan los cambios de estaciones
El día 20 de marzo cumplí 20 años de haber llegado a Estados Unidos, específicamente al estado de Kentucky.
Llegué en primavera pero hacía un poco de frío para alguien que viene de un país tropical.
Ya desde el avión se podía apreciar la abundante vegetación y al llegar a esta ciudad me impresionaron la cantidad de árboles y flores hermosas. Todas las áreas verdes estaban cuidadas y limpias.
Luego llegó el verano, especialmente caliente en una ciudad donde no llega la brisa del mar como en mi amada Habana. Tenía que recorrer la distancia desde mi trabajo a la casa con temperaturas asfixiantes por lo que la llegada del otoño fue un alivio.
En otoño los árboles adquieren esa coloración naranja y el paisaje es hermoso. Hay días grises en los que llueve incesantemente y uno desea que salga el sol. Los árboles se van quedando sin hojas y llega el invierno.
Cuando llegó el invierno pasaba los días esperando a que nevara. Al principio sentía mucho el frío, pero ya me he aclimatado.
Vi caer la primera nevada con emoción. Todo se cubrió de blanco y la vista era impactante. La emoción desapareció cuando me vi obligada a salir a trabajar bajo la nevada y con las calles resbaladizas. El invierno se asocia con las fiestas navideñas, pero cuando pasan los días coloridos y llega enero, vienen los días oscuros y fríos, muy fríos y uno encerrado en casa se deprime.
Pero luego empieza de nuevo el ciclo, llega la primavera, los árboles recuperan las hojas, florecen, se oye el trino de las aves, renace la vida. Es mi estación favorita. Los días son frescos y soleados.
Pienso en mi país donde casi todo el año hay calor, llueve, un poco de fresco y más calor y pienso que ya no soportaría vivir en un clima tan caluroso y monótono. Amo el cambio de estaciones y aunque odio las temperaturas extremas del verano y el invierno siempre llega la belleza del otoño con sus colores hermosos y la alegría que nos trae la primavera.







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