¿Qué películas o series de televisión has visto más de 5 veces?
Cuando era adolescente —y también cuando era mucho más joven— tenía la costumbre de repetir una y otra vez las mismas películas y series. Algunas personas se cansan de ver lo mismo; yo no. Cuando algo me gustaba, volvía a verlo como si fuera la primera vez.
Siempre he sido una enamorada de los musicales. De hecho, si miro hacia atrás, casi todas mis películas favoritas pertenecen a ese género donde la emoción no alcanza con las palabras y necesita convertirse en canción.
De niña crecí viendo cine argentino, mexicano y español. Eran otros tiempos. Las películas en inglés apenas se veían porque se consideraban diversionismo ideológico en Cuba. Así que mis estrellas eran otras: la elegante y seductora Sara Montiel o la dulce voz de Rocío Dúrcal.
Recuerdo haber visto más de cinco veces La violetera y Las Leandras. En aquel entonces, repetir una película era una pequeña felicidad que uno defendía como podía.
Con el tiempo llegaron otros musicales que marcaron mi vida. Mi favorito de todos los tiempos fue Moulin Rouge!. Amé cada una de sus canciones, cada escena exagerada, cada emoción al límite. También repetí varias veces Chicago y The Phantom of the Opera. Más recientemente me conquistaron La La Land y The Greatest Showman.
Y aunque los años pasan, sigo siendo una ferviente amante de los musicales. Series como Un paso adelante y Glee, entre otras muchas, fueron mi obsesión por un tiempo y repetí capítulos y canciones. Mi gran sueño sigue siendo ir algún día a Broadway y sentarme en una de esas salas legendarias donde la música y la historia se encuentran sobre el escenario.
A veces me pregunto si todo empezó mucho antes de lo que recuerdo. La primera película que vi en un cine —y la única vez que fui al cine con mi padre, que falleció poco después— Los paraguas de Cherburgo. Tal vez fue una casualidad. O tal vez ahí comenzó, sin que yo lo supiera, este amor por las historias que se cantan.
Pero si hay una película que ha sido mi refugio más de una vez, esa es Dirty Dancing. La he visto muchas veces, quizá demasiadas para contarlas.
Porque cuando la vida me ha puesto a prueba —y no han sido pocas las ocasiones— siempre recuerdo esa frase que se volvió casi un mantra:
“Nadie arrincona a Baby.”
Y entonces me lo repito a mí misma.
Y también se lo repito a otros.
Hoy tengo menos tiempo para sentarme a ver películas, y mucho menos para repetirlas. Pero sigo creyendo en los buenos musicales, en las frases que levantan el ánimo y en las historias que nos recuerdan quiénes somos.
Y sigo diciéndome, cada vez que hace falta, que no voy a permitir que nadie me ponga en un rincón.








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