Describe un cambio positivo que hayas hecho en tu vida.

He hecho muchos cambios positivos a lo largo de toda mi vida para mejorar, sentirme bien conmigo misma y tener un impacto real en la vida de mis hijas y de mis nietos.

Uno de los que más sacrificio me ha costado es dejar el café. No por completo, pero dosificarlo. Soy de esas personas que puede disfrutar cualquier tipo de café: desde el expreso hasta el Americano.

Nací en un país donde el café forma parte de la cultura… así lo decía aquella famosa canción de Mamá Inés, donde se afirmaba que “ todos mi los negros tomamos café”.

De pequeña, mi tía mojaba el tete en café y me lo daba para tranquilizarme o consolarme. Pero lo que me tranquilizaba, y también creaba en mi adicción, era el dulzor por la cantidad de azúcar que le echaba.

En tiempos difíciles, cuando el café escaseaba me recuerdo en el balcón esperando que alguno de mis vecinos me brindara una tacita de aquel dulce veneno. Mi adicción a la cafeína era épica… y aún lo es.

Y es que el café no es el problema, el problema es el azúcar que le ponemos, la leche o la crema y sobre todo si es de esas mezclas azucaradas con sabor a vainilla, caramelo y no se cuantos más sabores que te enganchan. Mi café favorito de Starbucks es el White chocolate mocha y contiene 350 calorías el más pequeño.

Cuando empecé a estar consciente de que estaba enferma, fue el café quien me ayudó a descubrirlo. Llegaba cansada del trabajo y mi esposo me daba uno de esos cafés con crema, o aún peor, pasaba por la gasolinera y me preparaba uno con todas las tentaciones y al poco rato sentía dolores de estómago y fuertes diarreas. Fueron mis primeros síntomas de diabetes.

Entonces empecé a probar los edulcorantes, pero ya el café no me sabía igual. Terminé con la mezcla de Allulosa y Monkfruit y ahora que estoy controlada le echo un poco de azúcar de coco, pero muy poca y solo lo tomo en las mañanas.

Eso fue lo mejor de todo, que reduje el café a una taza en la mañana. Un café solo en todo el día para mi que tomaba café como agua fue un cambio drástico. Un café cubano, un expreso cargadito con mi mezcla de azúcares y sin crema, eso basta para empezar el día con buen humor y energía.

También eliminé el café con leche y lo sustituí por los batidos de proteínas con café. Los hay ya elaborados, pero prefiero hacerme mi propio café proteico para lo que uso una de esas mezclas de café que vienen de todos los sabores. Hasta ahora solo he probado el Javvy, tiene cafeína, proteína y ya viene endulzado con azúcares buenas. Algún día haré una reseña.

Por las tardes extraño mi cafecito y en la noche recuerdo a mi abuela Ana cenando una taza de café con leche y tostadas con mantequilla. Zambullía el pan en la leche y se lo comía chorreando mantequilla. Creo que solo los cubanos desayunan de este modo… delicioso.😋 Y son capaces de cenarlo también.

Ya no como pan blanco tampoco, salvo en contadas ocasiones, pero eso es otro tema. Sigo añorando el café pero me contengo y no lo tomo por las tardes porque me da insomnio. Y el café sin cafeína no sabe igual.

Pero cuando lo deseo mucho pienso con ilusión en que por la mañana podré tomar mi cafecito cubano y disfrutarlo como si fuera el néctar de los dioses.

3 respuestas a «☕️Una cosa que solo yo sé… el café»

  1. […] casa, igual: café con 3 cucharadas, galletas, chocolate. Lo que fuera con tal de calmar la urgencia. No era hambre. Era […]

  2. […] la leche. Era una lista que parecía escrita para borrar mi infancia, mi cultura, mi cocina cubana, mis mañanas de café con leche, mis natillas, mis avenas tibias, mis recuerdos de la cocina de mi mamá. Pero con el tiempo […]

  3. […] para mí, no hay encendido sin mi taza de café. Mi café es innegociable. A mi edad, y con mis problemas de insomnio, ya no lo tomo después de las tres de la tarde. Lo he […]

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