De como decirle adiós al dulce sin que duela demasiado.
SEÑALES QUE IGNORÉ POR AÑOS
Hace casi 10 años mi cuerpo empezó a gritarme. Yo no sabía escucharlo.
Llegaba la tarde y me desplomaba: cansancio que no quitaba ni una siesta, estómago revuelto después de almorzar, bajones de energía que me dejaban sin aire. Y un antojo que no se callaba: algo dulce, ya.
Para mí, comer sin postre no era comer. El azúcar era mi premio, mi consuelo, mi hábito.
Los primeros síntomas:
• Fatiga crónica, sin causa aparente
• Diarreas después del almuerzo
• Bajones de energía repentinos
• Antojo de dulce 24/7
🔄 ATRAPADA EN EL CÍRCULO VICIOSO
En el trabajo me “rescataban” las donuts, la fruta y el café. Café a todas horas para no dormirme. Azúcar para no sentirme vacía. Mientras, la neuropatía en mis piernas gritaba más fuerte. Subía de peso aunque caminaba.
En casa, igual: café con 3 cucharadas, galletas, chocolate. Lo que fuera con tal de calmar la urgencia. No era hambre. Era adicción.
El ciclo se alimentaba solo:
Café → Donuts → Pico de azúcar → Bajón → Más café → Más dulce → Dolor → Culpa → Repetir.
🧪 PROBÉ TODO… Y NADA FUNCIONÓ
Los análisis no mentían: colesterol y triglicéridos por las nubes, hemoglobina glicosilada en zona de prediabetes. Empecé pastillas. Pero no solté el azúcar.
Pensé que bastaba con “sustituir”. Me equivoqué.
Mi lista de fracasos:
Edulcorantes comunes: sabor a químico.
Productos “sin azúcar”: lista de ingredientes que asusta.
Miel, agave: siguen siendo azúcar para mi páncreas.
Eritritol: parecía perfecto… hasta que mi estómago dijo basta.
Stevia, monk fruit, inulina: amargas, raras, me inflaban.
Volví a la caña. “No puedo tomar café sin dulce”, me decía. Y sin café tampoco podía.
🌿 EL DÍA QUE DEJÉ DE PELEAR CONMIGO
Me retiré. Me moví menos. Volvieron todos los fantasmas: fatiga, malestar, antojos.
Y entonces apareció la alulosa. Un azúcar raro que está en higos y pasas. Combinada con monk fruit no sabe igual que la caña, no. Pero no me sube la glucosa, no me cae mal, no me sabe a remedio.
Por primera vez en años, no sentí que mi cuerpo y yo estábamos en bandos contrarios.
🥥 MI FÓRMULA ACTUAL: NO ES PERFECTA, ES MÍA
2 partes de alulosa con monk fruit + 1/3 parte de azúcar de coco.
Solo en el café de la mañana, cuando mi glucosa en ayunas está controlada.
Y sí, también le bajé al café. Decirle eso a una cubana es herejía. Pero de dos tazas al día, pasé a una. Y vivo. Al café le dedico su propio capítulo después.
⚖️ EL AZÚCAR ERA SOLO UNA PIEZA
Cambiar el endulzante no me salvó sola. Fue el inicio. Lo que de verdad cambió mi vida fue el conjunto:
• Más movimiento, aunque sea caminar 20 min
• Menos carbohidratos que me dejaban KO
• Porciones que me respetan
• Medirme, observar, ajustar
• Dejar de copiar dietas y empezar a escuchar mi cuerpo
Nada funciona solo. Todo funciona cuando encaja.
✨ MI CIERRE: NO ES RECETA, ES TESTIMONIO
No soy doctora. No soy nutrióloga. No te voy a decir qué hacer.
Te cuento qué hice yo. Qué me dolió, qué me falló, qué me dio paz.
Tu cuerpo es distinto. Tu camino también lo será. Investiga. Pregunta. Prueba con tu médico al lado. Pero no te rindas.
Esta es mi vida sin ti, azúcar.
Mi paso —a veces torpe, a veces firme— de lo dulce a lo vital.
¿Y tú? ¿Cuál fue la señal que tu cuerpo te mandó y decidiste escuchar? Te leo 👇







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