¿Cómo usas las redes sociales?

A veces escucho a la gente hablar de las redes sociales como si fueran un demonio moderno. Pero quienes venimos de culturas cálidas, ruidosas, de balcones abiertos y vecinos que se saludan a gritos, sabemos que la soledad puede sentirse más fuerte cuando emigramos. Y para los que estamos en la tercera edad, esa soledad pesa distinto.

Yo crecí en un país tropical donde la vida ocurre en la calle. El calor te empuja afuera, los vecinos se sientan en las puertas, los balcones son como pequeñas plazas públicas. Siempre hay alguien que te cuenta un chisme, una noticia, una historia. Nunca estás sola.

Pero cuando emigré, todo cambió. Aquí la gente vive hacia adentro, las casas están cerradas, cada cual en su mundo, y el silencio —ese silencio frío— se mete en los huesos. Y si a eso le sumas que vivo en un lugar hermoso pero apartado, la sensación de aislamiento puede ser profunda.

Este último invierno, por ejemplo, estuvimos casi quince días encerrados bajo nieve y hielo. No salíamos por miedo a un accidente, porque ya no tenemos la agilidad de antes. Parecía que viviéramos en un iglú en medio de Siberia, esperando ver pasar un oso polar por delante de la casa. La televisión acompañaba, sí, pero la verdadera compañía fueron las redes sociales.

Ahí veía a mis vecinos de Cuba bañándose en la playa, a mis amigos en Alemania esquiando, a mi primo en Suiza pintando. Era como volver a asomarme al balcón de mi infancia, pero ahora el barrio era el mundo entero.

También me acompañan en mi día a día. Cuando cuido a mi nieta y ella está dormida o jugando, aprovecho para ver recetas, rutinas de piel, recomendaciones de productos. TikTok me encanta porque es rápido, variado y siempre aprendo algo. Sigo cuentas de salud mental, de bienestar, y últimamente muchas sobre autismo. He aprendido más en un mes que en años de conversaciones formales.

Los influencers se vuelven casi familia. Caras conocidas que no te exigen nada, que no te interrumpen la siesta, que no necesitan que les prepares café. Son amigos a distancia, pero amigos al fin.

Durante la pandemia, las redes sociales fueron un salvavidas. Y hoy siguen siendo mi puente con Cuba, donde la prensa independiente solo puede expresarse en plataformas como Facebook. Gracias a eso me entero de lo que realmente pasa en mi país.

Por eso, cuando me preguntan cómo me han ido las redes sociales, respondo sin dudar:
me han acompañado, me han enseñado, me han conectado.
Para quienes estamos en la tercera edad —y más aún para quienes venimos de culturas donde la vida se comparte— las redes sociales pueden ser una compañía emocional, un puente cultural y una forma de seguir creciendo cada día.

No son un demonio.
Son una ventana abierta cuando la casa se queda demasiado silenciosa.

4 respuestas a «🌐 ¿Cómo se usan las redes sociales? Una respuesta desde la tercera edad.»

  1. […] hija me dijo: “Mami, es porque abusaste de las pantallas.”Y sí, las pantallas pueden empeorar el sueño, aumentar la ansiedad y mantener la mente en […]

  2. […] Entonces fui tienda por tienda (por supuesto, online) a ver qué debería comprarme. Ya pasó la temporada de los shorts y los capris; pronto todo se tornará gris y llegará el otoño con sus lluvias y su frialdad. Por eso decidí ser práctica y comprar solo lo necesario: dos pantalones, dos túnicas y un cárdigan. Como sabes, vivo con un presupuesto ajustado, así que cada compra tiene que pensarse bien y servir para más de una ocasión. […]

  3. […] que pensarlo mucho: escribir en mi blog.Lo comencé hace apenas un tiempo, y lo que me enganchó no fue la tecnología ni la moda de bloguear.Fue mi nieta Isabel, con su dulzor desbordado, que hoy cumple su primer […]

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