Describe una fase de la vida a la que te resultó difícil decir adiós.

Muchas veces he tenido que decir adiós y empezar de nuevo. Cuando dejé mi casa, mi país y mi vida atrás para emigrar fue muy difícil el adiós, pero, por otro lado tenía planes, proyectos por delante que me llenaban de esperanza.

Retirarme fue otra fase difícil de dejar atrás, lo alargué todo lo que pude, pero sabía que necesitaba tiempo para mi. Sentía un poco de temor existencial, ¿cómo iba a sobrevivir sin las entradas de mi trabajo? Quedarme en casa y reducir mi actividad física era otro reto. Entonces tenía la urgencia de descansar, mi cuerpo estaba pidiendo a gritos una pausa.

De todos los acontecimientos recientes, las rupturas y los nuevos inicios recuerdo con profundo dolor el momento en que tuve que separarme de mi primer nieto. Mi hija decidió mudarse a otra ciudad y llevárselo con ella. Me había ocupado de él desde que nació y tenía un gran apego con él por lo que su partida dejó un vacío que nunca he podido llenar. Los primeros días fueron los peores. Pasaba por la puerta de su cuarto y cuando veía su cama o algún objeto de él me echaba a llorar. Fue el periodo más largo de depresión profunda que he sufrido en los últimos tiempos, ni siquiera la depresión del encierro ni los ataques de pánico de la época de la pandemia podían comparársele.

Aquel fue el invierno más largo de mi vida. Aunque a la distancia de los años entiendo que los hijos se van, que tienen sus vidas propias y que un niño donde mejor puede estar es cerca de su madre.

Otros nietos han llegado a mi vida a los que amo con la misma intensidad. Mi nieto mayor es ya casi un adolescente y viene a visitarnos durante sus vacaciones. Es un niño hermoso, inteligente y dulce. Hoy me siento feliz y orgullosa de haber sido parte de su vida y su educación.

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