⚠️El reto y los riesgos de vivir con neuropatía periférica
La neuropatía periférica forma parte de mi vida desde hace más de treinta años. No llegó de golpe, pero sí en un momento en que mi cuerpo estaba vulnerable: los años 1992–1993, en pleno Periodo Especial en Cuba. Fue una época de carencias profundas, y miles de personas desarrollamos síntomas por déficits severos de vitaminas, especialmente del grupo B. Yo fui una de ellas.
✨Como empezó todo
Lo primero que sentí fue un entumecimiento extraño en los pies, como si no fueran del todo míos. Después llegó el hormigueo y una coloración violácea que me confundía. Me pasaba un cepillo pensando que estaban sucios, pero apenas sentía el contacto.
Lo más desconcertante era que no mejoraba al sentarme ni al acostarme. Al contrario: me sentía peor. Llegó un punto en que no podía sostener mi cuerpo sentada por más de quince minutos. Era como si mi fuerza interna se hubiera aflojado.
Cuando me hicieron pruebas, los pinchazos en los pies no mostraban ausencia total de sensibilidad, sino algo más extraño:
sentía sensaciones distorsionadas, como calor donde no lo había.
Mis nervios no estaban apagados; estaban confundidos.
🤐Un sistema que no podia decir la verdad
Iba a una consulta periódica, pero un día la cerraron sin explicación. El gobierno no podía aceptar que el pueblo estaba enfermando de hambre.
El médico, sin poder decirlo abiertamente, me sugirió conseguirme un certificado médico de diabética para justificar que no podía trabajar.
Yo no era diabética en ese momento, así que decidí seguir adelante como pudiera.
Era muy difícil, pero no tenía otra opción.
🛟La carga y la ayuda
En medio de mis síntomas, mi madre enfermó, mi hermana también, y quedé a cargo de tres niños con la única ayuda de mi esposo. Gracias a él, a su familia y a amigos en el exterior pude recibir inyecciones de complejo vitamínico B y una mejor alimentación.
Tuve esa suerte.
Muchos no la tuvieron.
Y muchos no se recuperaron.
✈️Cuando viajar era una tortura
Durante muchos años, los viajes largos fueron una verdadera prueba.
Los aviones, los asientos estrechos, los espacios pequeños… todo eso que para otros es solo incomodidad, para mí era tortura física.
El entumecimiento aumentaba, las piernas se me dormían, los calambres aparecían sin aviso y la sensación de que mis extremidades “se separaban” de mi cuerpo se hacía más intensa.
Moverme era difícil, pero quedarme quieta era peor.
Era como si mi cuerpo no encontrara postura posible.
⚠️ El riesgo silencioso: no sentir también es peligroso
Vivir con neuropatía no es solo convivir con dolor crónico y sensaciones extrañas.
Es también convivir con el peligro de no sentir los pies.
Cuando la sensibilidad disminuye, puedes herirte, cortarte o incluso quemarte sin darte cuenta, y las consecuencias pueden ser graves, sobre todo si también vives con diabetes. Por eso, además de escuchar mi cuerpo, he aprendido a cuidarlo con atención:
- Revisar mis pies todos los días
- Usar calzado cómodo y seguro
- Evitar caminar descalza
- Y visitar al podólogo cada seis meses, sin falta
Es una vigilancia tranquila, constante, que forma parte de mi vida igual que mis rituales de bienestar.
🌱 Lo que quedó para siempre
Una vez que los nervios se dañan, no se regeneran.
Desde entonces vivo con neuropatía crónica:
- calambres nocturnos
- sensación de desconexión en piernas y pies
- la cama que “flota”
- adormecimiento al estar sentada
- primeros pasos difíciles cada mañana
Hace 15 años desarrollé diabetes, y eso probablemente ha acentuado mis síntomas. Hace poco, el podiatra confirmó que la sensibilidad en mi pie izquierdo ha disminuido. Intenté duloxetina, pero no la toleré por los efectos secundarios.
🌿 Cómo la manejo hoy
No hay cura, pero sí alivio. Esto es lo que me funciona:
Medicinas y suplementos
- Lyrica para el dolor neuropático
- Vitamina B para apoyar la función nerviosa
- Magnesio para calambres y relajación muscular
Hábitos que ayudan
- Mantener mi azúcar bajo control
- Alimentación sana y baja en sal
- Caminar despacio cuando los pies se entumecen
- Hidratación constante
- Escuchar mi cuerpo sin forzarlo
Lo que también convive conmigo
- Artritis
- Sobrepeso
- Y la necesidad de seguir viviendo, con mis ritmos, mis límites y mis rituales
🔍 Qué es la neuropatía periférica
La neuropatía periférica ocurre cuando los nervios que llevan información entre el cerebro y el resto del cuerpo se dañan. Puede causar:
- hormigueo
- entumecimiento
- dolor
- debilidad
- sensaciones distorsionadas
Para una explicación más técnica y detallada, esta página es clara y confiable:
Mayo Clinic – Neuropatía periférica
https://www.mayoclinic.org/es/diseases-conditions/peripheral-neuropathy/symptoms-causes/syc-20352061
🌻 Vivir con esto
La neuropatía no define mi vida, pero sí la acompaña.
He aprendido a manejarla con paciencia, conocimiento y cuidado.
No es fácil, pero es posible vivir con luz, con orden y con calma, incluso cuando el cuerpo tiene su propia historia que contar.







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