¿Qué estrategias usas para lidiar con las sensaciones negativas?
Ataques de pánico
Una sirena en la noche
Quienes sufrimos ataques de pánico nocturnos conocemos bien esa sensación: despertarse de golpe, con el corazón acelerado y una angustia te oprime el pecho. Es como si el cuerpo encendiera una alarma antes de que la mente tenga tiempo de entender qué ocurre.
Muchas veces no hay una razón real. Es solo el cuerpo reaccionando como si existiera un peligro invisible.
Pero anoche fue distinto.
Desperté sobresaltada y, por un instante, pensé que era uno de esos episodios que a veces me visitan en la madrugada. Esa sensación que conozco demasiado bien: el miedo que llega antes de que uno esté completamente despierto.
Entonces escuché la sirena.
Era la alarma de tornado.
No es la primera vez que la oigo. Vivir en Kentucky significa aceptar que esas sirenas forman parte del paisaje sonoro de ciertas noches. Pero nunca la había escuchado a mitad de la noche, tan cerca, tan presente.
Paralizada por el miedo
Mi reacción no fue heroica ni rápida. Fue la que conozco bien.
Me quedé paralizada.
Siempre digo que reacciono como los hámsters cuando sienten el peligro: se quedan inmóviles, esperando. El miedo —sea real o imaginado— tiene ese efecto en mí.
Sufro de neuropatía periférica y cuando el pánico aparece mis piernas se acalambran. Quiero levantarme, reaccionar, moverme… pero no siento bien los pies. Es una sensación extraña, como si el cuerpo y la voluntad se desconectaran por unos momentos.
Entonces hago lo único que sé hacer.
Respiro y reacciono
Me senté al borde de la cama y respiro profundo varias veces. Mientras respiraba me repetía algo muy simple: todo va a pasar, todo va a estar bien. No es una frase heroica. Es simplemente la cuerda a la que me agarro mientras el cuerpo va saliendo poco a poco de ese estado de indefensión.
Después empiezo a comprobar la realidad.
Enciendo la televisión. Miro el teléfono. Necesito saber cuán real es la amenaza.
A veces me pasa con los ruidos nocturnos. Primero viene ese minuto de parálisis. Luego me levanto y recorro la casa. Miro las cámaras. Escucho el silencio.
Y no pasa nada.
Ese pequeño ritual me devuelve a la calma. Es mi manera de decirle al miedo: voy a mirarte de frente, pero también voy a comprobar si realmente estás ahí.
Pero la sirena sí era real, el peligro sí existía.
Otras formas de reaccionar
Y entonces aparece otro obstáculo a vencer: mi esposo.
Su reacción ante el peligro suele ser la negación. “No va a pasar nada”, me dice. “Eso es puro alarmismo”. Es su manera de enfrentarlo, tan distinta de la mía.
Yo necesito comprobar.
Él necesita restarle importancia.
Cada uno pelea con el miedo a su manera.
Pero al final hacemos lo que hacen las parejas que han atravesado muchas cosas juntas: nos ponemos de acuerdo.
Y juntos bajamos al refugio.
Actuar, el mejor modo de reaccionar
Tal vez esa sea la verdadera forma de enfrentar el miedo.
No eliminarlo, porque eso es imposible.
No negarlo completamente.
Sino atravesarlo.
Respirar hasta que el cuerpo vuelva a obedecer.
Aceptar que cada persona reacciona distinto.
Y aun así caminar juntos hacia el refugio mientras la sirena sigue sonando en la noche.
¿Y tú cómo reaccionas al miedo? ¿Has tenido una experiencia similar?







Deja un comentario