Superando la adicción al azúcar
#azucaramargo
‼️Señales de Alerta
Hace casi diez años, mi cuerpo comenzó a enviarme señales que no sabía interpretar: sentía un cansancio profundo, molestias estomacales tras el almuerzo, una energía que se desvanecía sin aviso y un deseo irrefrenable de comer algo dulce. Para mí, la comida nunca estaba completa sin un postre; el azúcar era mi compañía habitual, mi consuelo y mi costumbre.
Los primeros síntomas que experimenté fueron:
- Cansancio que no se aliviaba con descanso
- Diarreas después del almuerzo
- Bajones de energía repentinos
- Deseo constante de comer algo dulce
🔄 El círculo vicioso
En el trabajo, intentaba compensar el impulso por lo dulce con frutas, donuts y café a todas horas. Sin embargo, los dolores de neuropatía en mis piernas se intensificaban. Aunque permanecía activa, seguía ganando peso. En casa, repetía el ritual: café con azúcar, galletas, chocolate, cualquier cosa que calmara esa urgencia. Me encontraba atrapada en un círculo vicioso del que no sabía cómo salir.
Este círculo vicioso se sostenía sobre varios pilares:
- Café constante para “mantenerme despierta”
- Donuts, frutas y galletas como escape rápido
- Dolor creciente en las piernas
- Aumento de peso a pesar de moverme
🧪 Mis intentos fallidos
Los análisis médicos empezaron a contar una historia que prefería no mirar: colesterol y triglicéridos fuera de control, y una hemoglobina glicosilada en valores de prediabetes. Comencé a medicarme, pero apenas cambié mi estilo de vida. Pensaba que bastaba con sustituir el azúcar.
Probé todo tipo de alternativas: edulcorantes comunes, productos “sin azúcar”, miel, agave, stevia, fruta del monje (monk fruit), inulina. Ninguno funcionó. Algunos tenían mal sabor, otros me provocaban molestias estomacales y algunos seguían afectando mis niveles. Incluso el eritritol, que parecía prometedor, terminó siendo incompatible para mí. Volví al azúcar de caña en pequeñas cantidades, convencida de que no podía tomar café sin ese toque dulce y tampoco prescindir del café.
Mis intentos fallidos incluyeron:
- Edulcorantes comunes con mal sabor
- Productos “sin azúcar” llenos de ingredientes agresivos
- Miel, agave y otros azúcares “naturales”
- Eritritol que dañó mi estómago
- Stevia, monk fruit e inulina con sabores amargos
No incluyo aquí un análisis detallado de cada producto porque existe literatura suficiente sobre ellos. Prefiero centrarme en mis vivencias personales.
🌿 El descubrimiento de la alulosa
Con mi retiro, la actividad física disminuyó y sentí que regresaba al punto de partida: fatiga, malestar estomacal y el impulso constante por lo dulce. Fue entonces cuando descubrí la alulosa, un tipo de azúcar presente en pequeñas cantidades en algunos alimentos. Combinada con fruta del monje, aunque no se parece al azúcar de caña, resultó ser amable, tolerable y no alteraba mis niveles. Por primera vez en años, sentí que no luchaba contra mí misma.
🥥 Mi mezcla actual
Más tarde añadí un toque de azúcar de coco, que aporta aroma y calidez. Inspirada por un vídeo del influencer puertorriqueño Mr. Buenos Habitos, descubrí una mezcla de alulosa, fruta del monje y azúcar de coco que se vende en Puerto Rico. Como en Estados Unidos no era posible adquirirla, decidí crear mi propia combinación. Así surgió mi mezcla: dos partes de alulosa con fruta del monje y un tercio de azúcar de coco. Aunque el azúcar de coco sigue siendo azúcar, su índice glucémico es más bajo que el del azúcar de caña; aun así, puede afectar los niveles de glucosa en sangre, por lo que lo uso solo en mi café de la mañana, y además he reducido mi consumo de café.
Mi mezcla actual consiste en:
- 2 partes de alulosa + monk fruit
- 1/3 parte de azúcar de coco
- Uso limitado únicamente en el café de la mañana, cuando mis niveles de azúcar en ayunas están controlados
También empecé a reducir gradualmente el consumo de café. Siendo latina y especialmente cubana, renunciar al café de la mañana y otro al mediodía parecía imposible, pero poco a poco he ido controlando mi adicción a la cafeína y ahora el café de la mañana es suficiente. Al café, sin embargo, le dedicaré una reflexión aparte más adelante.
⚖️ Un cambio no basta por sí solo
Sustituir el azúcar fue solo una pieza del rompecabezas. Mi camino hacia un estilo de vida más vital se sostiene en un conjunto de decisiones que he ido tomando con el tiempo.
Otras medidas que forman parte de mi proceso han sido:
- Aumentar mi actividad física
- Reducir carbohidratos que no me aportaban bienestar
- Controlar mis porciones
- Observar cómo reacciona mi cuerpo
- Ajustar hábitos según mis propios resultados
Nada funciona de manera aislada; todo cobra sentido cuando las piezas empiezan a trabajar juntas.
✨ Un cierre necesario
No pretendo dar consejos nutricionales ni indicar lo que nadie debe hacer. No soy médica ni nutricionista. Solo comparto mi experiencia, mis búsquedas y mis errores. Cada cuerpo es distinto y cada persona necesita encontrar su propio camino. Mi invitación es sencilla: investigar, contrastar información, experimentar desde la propia realidad y apoyarse siempre en bases científicas y en profesionales de la salud.
Este es mi testimonio. Mi vida sin ti, azúcar. Mi paso— a veces torpe, a veces firme— de lo dulce a lo vital.






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