¿Con qué consigues evadirte?
Soy Tauro, un signo de tierra. No me gusta evadirme, no me gusta huir de mis responsabilidades. Soy práctica y tengo una máxima que me inculcó mi madre: de frente y luchando.
De donde vengo tuve muchos momentos difíciles. Pasé por etapas de pobreza absoluta, de tener que disimular mis pensamientos y sentimientos. Muchas veces quise huir, volar lejos. Iba al Malecón y desde allí miraba al horizonte, sabiendo que podía haber algo mejor, más allá. Y no voy a negarlo: algunas veces recurrí a las pastillas. Pastillas para los nervios. En mi país casi todo el mundo padece algún trastorno mental: depresión, ansiedad, paranoia… el resultado de tantos años de falta de libertad y privaciones económicas.
Tomé pastillas de todo tipo, cócteles cada vez más fuertes para dormir. Como decía Emmanuel: “Quiero dormir cansado y no despertar jamás.”
Muchas veces quise no despertar más. Pero siempre ponía delante de mí la foto de mis hijas. Me sentaba unos minutos con la cabeza baja, me sumergía en mis pensamientos escapistas y buscaba mi centro. Tenía que seguir. Mi madre lo había hecho por mí, y yo se lo debía a mis hijas.
Un día decidí escaparme de verdad, no con pastillas. Me subí en una lancha y me fui. Dejé atrás a mis hijas con la esperanza de poder reunirme más adelante con ellas.
Y de nuevo me golpeó la realidad: no era tan fácil como parecía.
Otra vez sentí la tentación de sumergirme en las pastillas, en los cócteles para dormir… pero no lo hice. Hice lo contrario: me centré en mí misma, me enfoqué en nuevos objetivos, trabajé duro y logré mi cometido.
Soy una sobreviviente. Pero tengo recaídas.
A veces me refugio en la comida. Me siento frente al televisor durante horas viviendo historias ajenas, o me pierdo en el teléfono pasando pantallas llenas de recetas, historias coloridas y paisajes hermosos.
No son pastillas, pero también pueden ser adicciones.
La comida indiscriminada hace daño. La televisión y las pantallas también.
Entonces cierro los ojos y me imagino flotando sobre un mar tranquilo. Una playa hermosa, allá en Varadero. Me veo flotando sobre las suaves olas, con el sol caliente sobre mi rostro. Y encuentro mi centro. El mar me calma. Siempre ha sido así.
Mis hijas ya son adultas y exitosas. Pero ahora tengo nietos que quiero ver crecer. No quiero perderme sus cumpleaños ni sus graduaciones.
No puedo caer en tentaciones.
No quiero evadir nada.
Quiero vivir intensamente cada momento.
Y seguir, siempre, de frente y luchando.



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