De la escasez al equilibrio: mi viaje hacia una vida saludable
Mis raíces y la relación con la comida
Nací en Cuba, un país donde escoger tu alimentación no siempre es fácil. Pasas gran parte de tu vida añorando lo que no es accesible: dulces, confituras, frutas, proteínas. Lo prohibido siempre resulta más atractivo, y cuando llegas a un lugar donde puedes saciar tus antojos, tu salud se desequilibra. Eso me sucedió a mí y a muchos que emigramos: empezamos a ganar peso y con ello llegaron enfermedades metabólicas como la diabetes, el sobrepeso y la hipertensión.
En los años noventa, durante el “Periodo Especial”, la crisis económica agravó la situación alimentaria. Parte de la población sufrió neuropatía periférica por déficit de vitaminas del complejo B, debido a una dieta basada casi exclusivamente en carbohidratos. Yo fui una de esas personas: sentía entumecimiento, hormigueo y dolor en las piernas, lo que afectó mi movilidad y me llevó a acumular peso.
El impacto de la emigración en mi salud
Años después emigré a Estados Unidos. A una ciudad llena de bosques, naturaleza y estaciones marcadas que se convirtió en mi nuevo hogar. Recuperé parte de mi salud gracias a cuidados médicos y mejor calidad de vida, pero el sobrepeso persistió. Trabajé casi veinte años en oficios que exigían estar activa, pero la comida estaba por todas partes, tentándome. Probé dietas de moda, aplicaciones, incluso la dieta keto, que me hizo perder peso rápido, pero luego enfermé del estómago y el efecto rebote me duplicó el peso perdido.
Vivía agotada, tomando calmantes, café en exceso y comiendo lo primero que apareciera. Mi vida giraba entre el trabajo, la crianza de mis nietos y el cuidado de mi esposo. Sabía dónde estaba el problema: necesitaba cambiar mis hábitos alimenticios y mi rutina.
El punto de inflexión
Al retirarme, la falta de actividad física agravó todo. Me sentía deprimida, ansiosa y buscaba consuelo en lo dulce y crujiente: galletas, chocolates, café. Intenté ayuno intermitente, contar calorías… nada funcionaba. Hasta que el verano pasado mi doctora se mostró preocupada por mi nivel de A1C, indicador del control glucémico. Mi prediabetes estaba fuera de control, sufría insomnio, gastritis, ansiedad y ataques de pánico. Las secuelas de la neuropatía reaparecieron.
Entonces decidí iniciar una transformación. Si los alimentos habían sido la causa principal de mis dolencias, mi recuperación empezaría por la cocina.
Mi nueva motivación
Hoy escribo este blog cinco meses después de haber optado por una alimentación más saludable y consciente. No es fácil: hay recaídas, momentos de ansiedad, pero entendí que yo soy importante. Mi mayor motivación son mis nietos y, especialmente, mi nueva nieta. Quiero estar sana y fuerte para cuidarla, verla crecer y que sepa que su abuela tuvo la fuerza de voluntad para cambiar su vida.
Este blog está dedicado a ella. Espero que algún día lo lea y, quién sabe, pruebe alguna de las recetas que su abuela creó con amor.
Consejos para iniciar tu transformación
- Empieza poco a poco: Reduce el azúcar en tu café, añade más vegetales a tus platos.
- Busca apoyo: La familia y los amigos son clave en este proceso.
- No te castigues por las recaídas: Son parte del camino, lo importante es seguir adelante.
- Recuerda tu “por qué”: Tu salud, tu bienestar y las personas que amas.
Cierre inspirador
Hoy sé que cada elección en mi cocina es una inversión en mi salud y en el tiempo que quiero compartir con quienes amo. Si estás en una situación similar, no esperes más: tu vida puede cambiar, y tú tienes el poder de hacerlo.



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